Cultura

Desde Mi Trinchera

Por Carlos Klinger, ATA (Accredited Tax Advisor)

Por Carlos Klinger

La psicología de masas…

Tratando de analizar algo que acabo de leer y comparto la idea con lo que dice la psicoanalista Nora Merlin: “Las relaciones sociales se normativizan con la instauración de un operador simbólico denominado Ideal del yo”. Y este Ideal del yo, lo suelen ocupar los medios de comunicación que en principio coinciden con nuestra opinión propia. La vida es muy complicada, hay demasiadas cosas que saber y no hay ni tiempo, ni ganas; por ello la conciencia humana personal, pone en marcha unos arquetipos antiguos de interpretación de la realidad, de nuestra época “primitiva” de horda y tribu: la psicología de masas.

“El sujeto de la cultura de masas es pasivo, servil, sugestionado; con un yo empobrecido obedece a un ‘amo’ que articula ideologías e ideales. A partir de Freud y Lacan, sabemos que las demandas no son necesidades naturales, básicas o biológicas, sino que son construcciones discursivas: la mercadotecnia impone demandas que luego aparecen como una elección libre del ciudadano”.

El mundo cultural, el mundo de los sistemas de ideas, es como un gran ecosistema, una gran selva, en el que unas a otras se confrontan continúa y sucesivamente, hasta que por un proceso de maduración unas van triunfando sobre otras. El triunfo se produce cuando aumenta mucho el número de personas que las sostienen, y las ideas y sistemas de ideas fallecen cuando casi nadie las sostiene. La fuerza de los sistemas de ideas les viene de dos factores.
El grado de acierto de sus análisis y diagnósticos y la fortaleza del aparato de difusión e inculcación de esas ideas en la gente, o sea en sus sistemas de enseñanza y propagación de esas ideas entre la gente, especialmente las nuevas generaciones, que siempre son el futuro. Sin duda, la gran multinacional del mundo de la cultura, viene siendo desde hace dieciséis siglos, la Iglesia Católica, que durante mucho tiempo ha dispuesto del cuasi monopolio en el mundo cultural de Occidente. Su sistema de difusión de ideas tanto a nivel físico, (instalaciones en todos los sitios del mundo) como de personal, de poderío económico, que le da acceso a múltiples plataformas y altavoces de difusión, (“media”, los llaman ahora). Son la Coca Cola del mundo de la cultura.

Pero ya desde la Ilustración, se va produciendo un retroceso en ese cuasi monopolio, y los humanismos laicos le empezaron a plantar su semilla. Estos humanismos han ido floreciendo a partir de los nuevos desarrollos de las ciencias humanas: sociología, antropología, psicología, historia, y filosofía en general, que ha dejado de estar copada por teólogos especialmente de órdenes religiosas.
El mundo de las ideas es muy fluido y disperso por naturaleza. La dispersión de la mente humana es tal que cada uno tiene sus propias ideas, y algunos tienen varias al mismo tiempo. Por eso los sistemas de ideas culturales tienen una vida bastante evanescente, y fluctúan bastante, apoyados fundamentalmente alrededor de los pocos grandes maestros que las crean y sostienen. Por eso son muy personalistas. La izquierda actual y reciente, se ha “sindicalizado” casi en exclusividad, y ha olvidado la batalla cultural de crear un “hombre nuevo”, que no es el que dispone de renta para irse de vacaciones y verano al Caribe, sino la persona que ha llegado a ser lo que en verdad es. Se han focalizado en casi exclusividad hacia las condiciones de trabajo. Pero ¿qué pasa si como sucede cada vez más no existe esa posibilidad de trabajo, tendencia que se está acelerando estructuralmente? Que dicha izquierda se encuentra colgados de la brocha, unos perplejos y otros repitiendo “mantras” y eslóganes, como un boxeador “en la lona” o como un moderno rosario, en la mano de un laico. Frente a la lúcida, aunque partidista visión de Nora Merlín, hoy el individuo, se ve sometido a las técnicas de marketing psicológico y cultural, y a la siembra de odios mutuos por ambos bandos, y si no está interiormente equilibrado y madurado, se ve manipulado, por todos.

¿Qué hay de la batalla por la realización personal de la persona, como dice Nora Merlín: “Frente a este panorama, surgen algunos interrogantes: ¿dónde quedan las categorías de verdad, decisión racional y autonomía del sujeto, para filtrar y administrar la información y los afectos que éstas instalan?”.

¿Quién se hace responsable de los efectos patológicos que se constatan en la subjetividad y en los lazos sociales? ¿Usted qué opina amigo(a)?

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