De Interés

Desde Mi Trinchera

Por Carlos Klinger, ATA (Accredited Tax Advisor)

Por Carlos Klinger

La FE del Verdadero cristiano

No quiero dármelas de ‘intelectual” del tercer mundo, pero creo que todos entendemos las diferencias y el significado que tienen la dialéctica cristiana vs la hegeliana y vs la marxista. Pero la aclaración no está demás, por lo genérico del término “dialéctica”. Por otro lado, pasando a otros temas que intriga a la gran mayoría de criaturas, que no es otra cosa que la invisibilidad del Creador por lo que respecta a nosotros -losseres humanos-, cabe y se ajusta a Su naturaleza divina distinta esencialmente a la nuestra. Su naturaleza está por encima de la nuestra, porque la nuestra es limitada a ciertos parámetros; la del Eterno es ilimitada e infinita. La nuestra, sin embargo, limitada y finita.

A pesar del Misterio, Dios se nos revela en la armonía del Cosmos, en toda su complejidad que se encuentra todavía “en descubrimiento” cada día, en el milagro de la vida y de la existencia. Las preguntas existenciales son universales porque el Cosmos es algo visible y objetivo que realmente existe. El acceso a la trascendencia, de pensamiento, deseo y búsqueda es solo inherente a la condición humana, que se salen y “trascienden” lo meramente natural porque nuestros deseos son tan infinitos como los de la divinidad y sin embargo, no pueden ser saciados a cabalidad durante nuestra breve “existencia” en este mundo “ancho y ajeno.” Aspiramos siempre a lo eterno y a lo permanente; es un deseo que sobrepasa nuestra propia limitada realidad. Por eso con la razón podemos coherentemente pensar en nuestro Creador. No todo, pues, es oscuridad a pesar de la invisibilidad característica del Abba celestial.

Pero hay más, en la fe cristiana, la revelación del amor del Padre se encuentra en el Hijo, como señala San Juan, el testigo más cercano al Cordero: “A Dios nadie jamás le ha visto”, pero eso no impide que su verdadero amor haya “llegado en nosotros a su perfección, porque Dios nos ha hablado a nosotros de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo”. ¿Qué mejor testimonio que el discípulo predilecto de Jesús para afirmar la filiación divina de Jesús, contra la duda especulativa del mundo?

Pero esto comprueba lo que se dice en otra parte del Nuevo Testamento, ya que en “tiempos pasados muy fragmentaria y variadamente había hablado Dios a los Padres por medio de los profetas, y al fin en estos días nos habló a nosotros en la persona del Hijo”. Por eso en su argumentación con los judíos durante su vida terrestre, Jesús afirma que “Antes que Abrahán existiera, existo Yo” y “El Padre y Yo somos una misma cosa” y cuando hablando con la mujer samaritana ella le dice: “Sé que el Mesías, que es llamado Cristo, viene” y Jesús responde: “Soy yo, el mismo que habla contigo”. Pero a ningún judío en su sano juicio se le hubiera ocurrido transcribir esas afirmaciones que eran consideradas puras blasfemias y abominaciones y que podían estar sujetas a una pena máxima por la Ley judía, si no hubieran sido pronunciadas realmente en aquellos días.

Por otro lado, invariablemente, en todas las épocas de la historia lo más atractivo de Jesús es su humanidad. La espiritualidad cristiana se basa fundamentalmente en que la divinidad se unió a la humanidad para siempre al asumirla el Hijo. El Dios revelado en Jesucristo, en la Fe de los creyentes, vino a disipar las dudas que ya existía a su venida en el siglo primero. Para los creyentes entendemos que, por medio de Jesús, se ofrece la imagen del Creador que ES y que ESTÁ siempre con nosotros. Las preguntas existenciales siempre van a existir, ya sea en el siglo XXI como en el siglo LXXX. El Abba nos ha tendido una cuerda de salvación asequible a todos los seres humanos; siempre podemos acceder a ella y el testimonio de millones de seres es prueba que la FE no solo es posible, sino que es necesaria para la salud del mundo. Sin ella, a mi modesto entender, todo sería más oscuro y todo se vuelve mucho más misterioso. Jesús es la luz permanente capaz de alumbrar al Universo eternamente. Él es el Dios visible y revelado. Toda espiritualidad cristiana para llamarse así tiene que buscar a este Dios presente en Jesús, pues nadie puede ir al Padre si no es a través de la revelación del Hijo… y esta es la FE del verdadero cristiano.

 

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