Opiniones y Editoriales

El Diario de Atenea

La hora de la hora

Talvez este tema sea uno de los más fuertes de los cuales voy a hablar. Uno de los miedos más compartidos en común entre muchas las personas en general es la muerte.Anteriormente, pensar en la muerte, me daba un terror que hasta me ponía la piel chinita. Pensar en que será está dentro de una caja tan confinada. No obstante, ese pensamiento es ridículo tener porque ya estando muerto uno, pues ¿qué más da?

De todos modos, pensar en que algún día mi cuerpo físico ya no estará en la tierra, me trae un poco de inquietud y hasta melancolía. Lo que me incomoda aún más, es pensar en la posibilidad que personas allegadas a mí, se vallan antes que yo.

Puede ser que muchas personas clasifiquen el tener estos pensamientos como algo morboso y una característica deprimente de la persona quien tiene estas ideas en la cabeza.

Sin embargo, como dice una frase que alguna vez leí por allí: “A la vida se le quiere por ser una bella mentira, y a la muerte se le desprecia por ser una fea realidad”.

Y en efecto, a nadie nos gusta ni pensar, ni hablar sobre el tema porque simplemente no nos gusta esta inevitable y desagradable realidad.

Sin duda alguna, nos guste ó no, el día de nuestra muerte ó la de personas que amamos, llegará. Quizá el hablar sobre el tema, nos ayude a prepararnos mentalmente para que la resignación llegue un poco más rápido opuesto a cuando no lo hacemos.

Me recuerdo que el día del amor y la amistad de hace un par de años, sepultaron a una amiga de mi infancia. Cuando estábamos despidiéndola, a lado había una familia americana caucásica, quienes también estaban sepultando a alguien.
A diferencia de nosotros, las personas de a lado, se retiraron del lugar antes de que se enterrara el ataúd. Talvez porque en su mente no estaban despidiendo a la persona, sino a un cuerpo. Quizá, no tenían la fuerza para ver el cajón bajar tres metros bajo tierra.

Por el otro lado, nosotros nos quedamos hasta que se tiró el último puño de tierra, como con una esperanza ilusa de que mi amiga golpeara su puño contra el cajón, y saliera a decirnos que su muerte no era real.

No sé si será que cada cultura mira a la muerte con diferentes perspectivas, ó simplemente su manera de hacer frente a la muerte es distinta. Lo que si se es que independientemente de cuanto nos esforcemos por estar en negación sobre la muerte, el hecho llegará igual.

Con eso en mente, estoy aprendiendo a ver la muerte con una luz diferente. Asimismo, cada día procuro de ver a la vida con dicha y gratitud, para cuando el día de la hora de la hora que la muerte toque mi puerta, en vez de con cara de terror, la recibiré con los brazos abiertos y le diré: “te estaba esperando todos los días de mi vida, mientras la vivía intensamente…”

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