Opiniones y Editoriales

El Diario de Atenea

La cruda realidad

A nadie nos gusta que nos miren la cara o nos tomen por el pelo, por así decirlo en cuanto nos referimos a la preferencia de que se nos diga la verdad y que

no nos mientan ni nos oculten nada. ¿O será que sí?
A través de mi vida, he podido observar y analizar el término de la honestidad y como diferentes personas le ponen su propio sazón a su caldo de la “mera neta”.
Empezando esta reflexión de mi persona, puedo confesar que no siempre fui honesta al expresar lo que realmente pienso o como son las cosas en la realidad.
Con esto, no me refiero que no fuera auténtica, lo que quiero decir es que yo era de las personas que me gusta agradarles a las personas, no hacerlos sentir mal, y por esas razones era una persona que siempre decía algo de su agrado a cualquiera que se me acercara para pedirme una sugerencia, por ejemplo.
Al crecer, siempre se me inculcó respetar y nunca ofender a nadie. Ese era otro factor por el cual yo optaba por ponerme dentro de la categoría de “calladita me miro más bonita”.
Al igual, en esa época, me daba cuenta que en veces la gente que dice según querer nada que no sea honestidad, no siempre lo decían en serio.

A través del tiempo y de experiencias, me he dado cuenta que hay muchas personas que no les gusta cuando en realidad se les dice sus verdades. A nadie le gusta escuchar que ponerle el cuerno a su pareja es algo que a la larga provocará sufrimiento. A nadie le gusta escuchar cuando se les dice que se les nota envidia, celos o repudio por otras personas hasta por los codos.
Ese tipo de honestidades, no le gustan a nadie. ¿Por qué? Porque en el fondo, duele enfrentar las consecuencias de esas acciones y mirar esa persona que guarda sentimientos malignos al espejo.
En lo personal, creo que he sido bendecida con una consciencia la cual no me deja actuar, sentir o pensar en extremos donde le haga daño espiritualmente a mi persona o a otra persona, tampoco exclamo ser perfecta, pero todos los días lucho como cualquier persona en no dejarme llevar por cosas y sentimientos que solo le hacen daño a uno.
Sin embargo, penosamente he presenciado casos donde personas en mi vida si se dejan llevar. Circunstancias donde he tenido que ser honesta y señalarles a las personas ya sea sus malas acciones y/o malos sentimientos.

Y no digo esto como creyéndome que soy la juez de lo bueno y lo malo, pero creo que varios tenemos ese instinto donde uno detecta estos tipos de situaciones, en donde uno puede ver que no todas las personas son como aparentan, y que en veces hacen daño, a otros o a si mismos, ya sea consciente o subconscientemente.
La circunstancia de honestidad en la cual es más desafiante aun, creo que es cuando algún ser querido tiene problemas de auto-estima. El querer hacer un tipo de intervención, pero no saber cómo se puede ser correctamente honesto, sin lastimar.

Otros momentos de honestidad medios incomodos es cuando uno sabe que una amistad o relación termino antes de la separación física.
A lo largo de mi vida, he perdido varias amistades, porque no solo he sentido malas vibras de envidia de su parte, si no he visto como trataban de agredir, humillar, denigrar a mi persona y a otras por igual, hasta el punto donde se les tenía que decir “parale a tu carrito”.
La vida me ha enseñado y convertido en una persona de esas que dice lo que la gente tiene que escuchar, no lo que quiere escuchar. Ese tipo de honestidad me ha costado mucho porque he perdido a mucha gente en mi vida, y sé que seguiré perdiendo a más porque como lo mencione anteriormente, no a todos les gusta la honestidad en realidad.

No obstante, aunque las personas con las cuales he tenido que ser honesta, y por consecuencia ya no estén en mi vida, me quedo con la satisfacción de que sé que mis palabras de honestidad les ayudaron a cambiar un poco sus perspectivas para bien, aunque yo ya no tenga el privilegio de ver ese cambio desde primera fila.

La honestidad no siempre tiene que ser algo desagradable e incómodo. Llega el momento en el cual las personas viven en completa o casi completa honestidad, y así solo atraen ese mismo tipo de personas en sus vidas, personas que prefieren la cruda realidad a una ebria mentira.
Ese tipo de relaciones y/o amistades que nos ayudan a quitarnos la venda de los ojos, poner los pies sobre la tierra, y seguir nuestro camino a por la vida junto a la verdad, la que después de la tormenta, realmente libera.

Deja un comentario / Leave a Reply

  • Edición Actual

  • Suscríbete por correo electrónico

    Escribe tu dirección de correo electrónico para suscribirse a este blog recibir notificaciones de nuevos mensajes por correo electrónico.

  • Archives

© 2016 La Prensa de Colorado. All Rights Reserved.

%d bloggers like this: