Opiniones y Editoriales

El Diario de Atenea

La cubeta
de cangrejos

Recuerdo que cuando estaba en la preparatoria, una de mis maestras de español, le dio un giro diferente a la plática de la clase sobre algo fuera del temaescolar. Creo que talvez tres de nosotros realmente le pusimos atención.

Me acuerdo que empezó con una analogía sobre como los hispanos éramos como unos cangrejos en una cubeta de agua.

Cuando uno de los cangrejos trata de salirse de la cubeta para ver que se encuentra fuera de ella, todos los cangrejos saltan a atraparlo y le impiden salir.
Después empezó a explicar a lo que se refería. Dijo que, como comunidad, es difícil avanzar profesionalmente porque no falta quien critique o juzgue querer tener éxito, aspirar por lograr sus objetivos.

No obstante, ella insistió que nosotros como nueva generación de hispanos no nos detuviéramos en el proceso de trabajar por el éxito y mejoramiento personal y de nuestra comunidad.

La maestra nos recomendó seguir estudiando, y también de salirnos del gueto. En el momento que la maestra nos dijo eso, yo la verdad no le preste mucha atención. Sin embargo, años después puedo decir que sus palabras fueron un tipo de premonición.

A través de los años, me he dado cuenta de cómo el grupo étnico de dónde vengo es menospreciado en cierta manera, pero primordialmente por los miembros de el mismo.

En el día de hoy, entiendo perfectamente lo que mi maestra de español quiso decir. Lo entiendo porque lo he vivido en carne propia. Yo, una muchacha latina llena de sueños, empecé a trabajar arduamente para hacerlos realidad.

Para inspirar a mi gente latina, y enseñar el camino a la superación personal, junto con la mejora de nuestra raza, especialmente en este país de grandes oportunidades, pero a la vez, de enormes competencias.
De repente, llego a la conclusión, que yo, me convertiría en ese cangrejo con un gran impulso, y el cual mi propia gente, la gente que amo y que admiraba, me jalarían de una manera indescriptible, casi deprimente.

En el fondo de mi corazón, sé que todas las personas que saben el camino que he tenido que recorrer para poder poner mi granito de arena y darle un buen nombre a la gente latina en este país, especialmente a la mujer latina, esa gente que sabe de mis sacrificios y esfuerzos, me admiran.

Sin embargo, existen personas que no saben de ese largo y duro camino, o que saben, pero por su propia inacción, me ahogarían hasta el más profundo rincón de esa cubeta solamente para tener compañía a su lado.

A lo largo de mi vida, también he tenido la dicha de conocer a otras personas que están en mí misma situación. Personas que quieren lograr éxito no solo para propósitos personales, pero para decirles con hechos a otros paisanos que si se puede.

Aunque las personas de motivación tienden a ser menos que las personas que parece que les incomoda el impulso más que el éxito de otras personas, me reconforta saber que no estoy sola. Que no soy la única que se le señala como persona que “se olvidó de los pobres” o “que el norte la cambio”.

En realidad, esas acusaciones no son ciertas. Porque no es cierto que, para vivir una vida digna, uno tiene que ser rico. Pero tampoco pobre. Porque el norte no es el culpable de que alguien cambie para mal, así como el sur no es el culpable de que alguien no cambie, para bien.
La vida es más que una cubeta llena de cangrejos. En el mundo existen cosas maravillosas que todos tenemos el derecho de experimentar, y más importante, todos tenemos la misma oportunidad para conseguir.

Talvez esa oportunidad es más desafiante para unos que para otros, pero de que esta allí, la está.

Anteriormente, si me afectaba la indiferencia de mi raza al yo estar orgullosa de la cosecha de mis esfuerzos, pero ahora no. Hoy en día, rezo por todas las personas que malinterpretan mi satisfacción en mis logros como prepotencia, soberbia o ego.

Rezo para que mi gente se dé cuenta que el éxito de uno, es el éxito de todos. Especialmente en este país donde la unidad fuera de lazos de sangre o fiestas domingueras, es muy importante para que tengamos prestigio y no por vanidad, sino por orgullo de que somos personas las cuales podemos contribuir a la sociedad en cualquier oficio que sea, siempre y cuando ese oficio no despierte sentimientos de odio y envidia para nuestra propia gente.

Por lo pronto, seguiré siendo ese cangrejo que se seguirá tratando de salir de la cubeta, esperando que dentro del esfuerzo que los demás hacen para sumergirme a las profundidades de limitaciones, y con el sueño que, en una de esas, esa cubeta se volqué, y así mi gente me acompañe en la belleza de algún rio o la libertad de algún mar…

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