Opiniones y Editoriales

El Diario de Atenea

Las oportunidades

Hay una frase espiritual y/o religiosa que dice “ayúdate que Yo te ayudaré”, la cual básicamente se refiere a que para que Dios, o el Poder Superior de cada persona, le pueda ayudar, esa persona se tiene que dejar ayudar al hacer movimientos y tomar decisiones para hacer cambios positivos en su vida.

Muchas veces en la vida, las personas se pueden encontrar en una encrucijada como entre la espada y la pared, o en un callejón sin salida. Talvez uno está tratando lo más que uno puede para salir delante de cualquier situación que sea, pero la vida se aferra en contra de uno.
En algún momento de mi vida, yo también me encontré en esas situaciones las cuales son difíciles de salir. Especialmente cuando no hay nadie quien ni le dé una pista de que hacer, mucho menos darle una mano a uno para que no sea tan agobiante la difícil experiencia, independientemente de lo que esa experiencia sea.

No obstante, ya sea por esas mismas situaciones, o por simplemente por mi mentalidad, ahora soy una firme creyente que las situaciones son más de como reaccionamos a ellas, opuesto a lo que en realidad son.

Dicho eso, algo que se necesita como solución a cualquier problema o situación, es la oportunidad. Y claro, existen varios tipos de oportunidades, algunas que se presentan y otras que uno tiene que encontrar o hasta que uno mismo tiene que construir.

Creo que, como Hispana, crecí en una cultura la cual, si, somos gente super trabajadora, con muchísimas ganas de salir adelante con el sudor de nuestra frente. Sin embargo, también creo que, por lo general, pero no en todos los casos, somos una cultura que tenemos miedo a las oportunidades.

Al crecer, no era fuera de lo común escuchar cosas como “esta difícil la situación”, “esta canijo”, “es imposible poder salir de esta”, etc…

Creo que esas palabras son definitivamente un hechizo cuales son contraproducentes para poder avanzar.

En veces no tomamos las oportunidades que se nos presentan porque tememos a lo que desconocemos. Yo, por ejemplo, me recuerdo lo difícil que fue para mí tomar la decisión de seguir estudiando en la universidad, de elegir que estudiar, de terminar mis estudios, de salir al “mundo real” y ejercer lo que estudié simplemente porque jamás lo había hecho y nadie de mi familia cercana podía guiarme ya que yo fui lo que se considera estudiante de primera generación de ir a la universidad en mi familia.

Sin embargo, llegó un momento en mi vida en el cual la vida misma me hizo perder los miedos, las incertidumbres y me dio el valor para poder aprovechar las oportunidades que se me ofrecían.

En el proceso aprendí que yo como todos, somos merecedores de tomar decisiones y oportunidades las cuales nos garantizan una mejor calidad de vida.

Estoy orgullosa de mí y de todas las personas que son “aventadas” y nos arriesgamos por conseguir una meta. Porque como se dice en otro refrán, “hay tres cosas que en cuanto pasan, jamás regresan y esas son el tiempo, las palabras, y la oportunidad…”

Quitémonos los pensamientos negativos y empecemos a ver las cosas por lo que realmente son. No hay situación tan difícil de transcender, no esta tan canijo como parece, y claro que, por supuesto que salimos de esta y de más, ¡faltaba más!

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