Opiniones y Editoriales

El Diario de Atenea

Huellas
en la arena

No sé si es que otro de mis cumpleaños se aproxima, las cosas terribles que están pasando en todo el mundo, o simplemente que me esta “cayendo el veinte” sobre una cruda realidad. Últimamente me he puesto a reflexionar sobre lo vulnerable que es la vida.

Anteriormente en mi vida, sentía como que tenía todo el tiempo del mundo para poder balancear la escuela, el trabajo, la familia, etc. Sin embargo, por situaciones de la vida, me doy cuenta que todo en este mundo tiene una fecha de caducidad.
No obstante, en vez de ver las cosas por el lado negativo, me enfoco en lo bueno de todo… todavía hay tiempo.

En cuestiones del tiempo y de la vida, siempre es una paradoja al hablar de las dos cosas. Por una parte, sabemos que todo lo que nace, muere, todo lo que empieza, acaba. Aun así, siento como que quiero hacer todo lo que he estado puesto en espera.

Durante mi adolescencia viví la experiencia de perder a un primo y una compañera de escuela por la enfermedad del cáncer. Y escuchar al principio de este año, la noticia que una amiga muy cercana a mi está combatiendo esta enfermedad, sí, me incomoda mucho. Ese tipo de noticias traen consigo muchos sentimientos encontrados.

Sentir la impotencia de que uno no puede hacer nada para que ninguno de nuestros seres amados pase por este tipo de cosas, es algo con lo que se aprende a vivir día con día.

En veces no entiendo como parte de la sociedad opta por invertir su tiempo en conflictos de religión o políticos, que al final del día, no tienen nada de importancia.

Estoy más que consiente que la vida es un instante, y por eso he tomado la decisión desde hace un tiempo atrás de vivir la vida, tengo que vivirla.
¿Cómo se vive la vida, cómo se tiene que vivir? Es una pregunta en la cual he pensado últimamente. Y creo que primeramente es de dejar ir lo que no tiene caso. Algo que no es fácil para nadie, menos para una persona como yo.

Más, la vida me sigue enseñado en como dejar ir. La vida me sigue poniendo personas en mi camino las cuales tienen acciones similares a las que yo tenía, ya sea preocupándome por cosas insignificantes, o tratando de cambiar el mundo, cuando la que primero tenía que cambiar era yo.

Ahora me doy permiso de apreciar las pequeñas cosas de la vida.

Las personas que genuinamente me demuestran amor y amistad sincera, me tomo el tiempo de disfrutar de la naturaleza, de apreciar la vida animal, de comer alimentos que no solo nutre el cuerpo, si no el alma también.

Porque, así como la noche no es eterna, tampoco el día. Igualmente, la felicidad, ni la tristeza. Ni los éxitos, ni los fracasos.

Vivir la vida, con lo que se tenga que vivir, porque nada es para siempre, como huellas en la arena…

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