Opiniones y Editoriales

El Diario de Atenea

La espera nos
recupera

Se dice que “los tiempos de Dios son perfectos”, pero a cuantos no nos ha pasado que, ¿la espera nos desespera?Personalmente, en solo pensar en este tema de la paciencia me esta haciendo menear mi pierna derecha como que si fuera tabla de mezclar la pintura para refrescar las paredes de mi habitación.

Admito que la paciencia es algo que se me ha dado en una que otra luna llena, ósea de vez en cuando, pero es algo que sigo aprendiendo a dominar.
Soy una de esas personas que quiero las cosas ya, así como los niños quieren sus regalos de navidad, ¡de inmediato!

Si me enfermo, quiero que al tomar el té o remedio ya pueda ir a trabajar de inmediato. ¿Esperar a que le llegue el karma a alguna persona que me ha ofendido o lastimado? ¡Que va! Yo misma puedo pensar en muchas maneras en las que me las pueden pagar personalmente.

¿Qué tal cuando queremos bajar esas libritas de más después de los días festivos? ¡Nada de gimnasios ni ensaladas! Las “mágicas píldoras de dieta” o lipos parecen ser una buena opción, ¿qué no?

Estos son solo unos ejemplos de lo que la impaciencia provoca en la mente de uno cuando simplemente no se tiene el auto-control para pensar en alternativas, aunque talvez más lentas, en muchos de los casos, más efectivas.

Por mucho tiempo de mi vida, la impaciencia ha sido una de las más grandes debilidades de mi personalidad. Este defecto de carácter ha afectado muchas áreas de mi vida, incluyendo mis relaciones personales y en cuestiones de trabajo y de mi salud.
Últimamente, he estado aprendiendo a dominar la paciencia. Confieso que es algo que me ha costado bastante, ya que no se si fue un comportamiento que aprendí de pequeña, o simplemente no aprendí el concepto de la paciencia.

No obstante, mi disposición a aprender la paciencia ahora de persona adulta, me ha ayudado mucho en mejorar ese defecto de carácter.

Comparando el tiempo en el cual era más impaciente, estoy consciente que no ser paciente, no solo nos enfada el día, sino que también nos daña física, emocional y mentalmente.

Al practicar la paciencia, aprendo que en realidad las cosas que pasan a mi alrededor no pasan por mí, sino para mí.
He aprendido que mi única responsabilidad es plantar una semilla de trabajo, de amor, de inspiración, sea lo que sea la situación. Lo demás es el trabajo de la vida, y para los que creemos, es el trabajo de Dios.

Ahora que he aprendido la bendición que la paciencia trae consigo. Dejo que mi cuerpo descanse y se recupere a su tiempo cuando me enfermo. Dejo que la vida se encargue de poner en su merecido lugar a las personas de malas intenciones en mi vida.
Cuido y valoro mi cuerpo al alimentarlo lo más sano que puedo para no solo bajar las libras, sino mantener mi salud lejos de enfermedades.

Al final del día, he aprendido y sigo aprendiendo que la paciencia no es una cosa fastidiosa o algo que me hace perder mi tiempo.

La cosecha de lo que la paciencia brinda es el regalo más grande de recuperación y bienestar para las personas como yo que queremos acelerar lo que requiere tiempo para formarse correctamente. La espera no desespera, la espera nos recupera…

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