Opiniones y Editoriales

El Diario de Atenea

Manejando la ira

Recuerdo una plática que tuve con una amiga hace un par de años sobre las emociones, pero en especial, la ira.Es común que, en nuestra cultura, la única emoción que no es de “dar vergüenza” por así decirlo, es el estar contento o animado.

Sin embargo, como humanos siempre experimentamos muchas emociones, dependiendo de la ocasión. Por ejemplo, la tristeza, el miedo y la ira.

Por lo general, las últimas mencionadas usualmente las expresamos en privado, o con personas de nuestra entera confianza.
Talvez la razón es porque dentro de las normas de la sociedad es un poco incómodo para las personas tratar con otra emoción que no sea la felicidad, especialmente en público.

No obstante, la emoción de la ira es algo que nos ha pasados a todos. Según la definición de esta es la siguiente: “sentimiento de enfado muy grande y violento”.

Quizá esa definición es la más extrema, pero puede ser que, dependiendo de la razón, la ira o enfado pueda ser de leve a grave.

De todos modos, es importante primero entender que todos como seres humanos tenemos derecho a sentir esta emoción como cualquier otra.

El problema se puede aparecer cuando dejamos que este sentimiento se apodere de nosotros.

Durante la plática con mi amiga, recuerdo que ella mencionó algo que nunca se me olvida siempre que yo misma siento esta emoción.

“El que controla, se descontrola”. Esto lo relaciono con esta emoción de la ira, porque por lo general, uno siente esta emoción cuando las cosas que uno piensa que están bajo nuestro control, se nos salen de las manos.

¿A quién no le molestaría que en una relación sentimental de repente una persona se entere de una decepción o traición de su pareja?
Eso hace sentir a cualquiera como que el control de la relación se les esfumó.

En otro ejemplo, cuando uno se entera de que una persona allegada a uno fue diagnosticada con cáncer.

Los sentimientos de impotencia de no poder controlar la situación y el enojo hacia la vida puede que no falten.

Aunque en estos ejemplos, es evidente que la reacción inmediata es la ira o enojo, generalmente detrás de la ira existe una raíz más profunda de lo que se mira por la superficie.

Una vez leí por allí que la ira es la armadura de la tristeza. Y en muchos de los casos eso puede que sea.

Como en los ejemplos anteriores, la emoción que se siente al principio es la ira, pero después de reflexionar, uno se da cuenta de que otras emociones juegan un papel en el desequilibrio de nuestro estado emocional.

Sea cual sea la razón, es vital tener en mente que no es bueno dejarse llevar por ese sentimiento. Aparte de estrés emocional, la ira puede afectar a nuestra salud física.

Al fin y al cabo, las cosas pasan monetariamente, las buenas y las malas, la cuales ocasionan emociones negativas. Cuando nos invada la ira, es mejor respirar profundo y dejar las cosas en las manos de Dios…

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