Opiniones y Editoriales

El Diario de Atenea

¿No sabe cocinar?
¡No se puede casar!

El otro día estaba cocinando unas enchiladas de pollo y otras de camarón, que no es por presumir; pero me quedaron como para “chuparse los dedos”.

Y pues, mientras las estaba preparando se me vino a la mente recuerdos de cuando yo completamente detestaba la cocina. No la podía ver “ni en pintura”. Durante mi adolescencia, recuerdo que cuando se trataba el tema de la cocina y la mujer, muchas personas expresaban comentarios como “el lugar de la mujer es en la cocina”, o “si ya cocina, ¡ya se puede casar!”

Yo, una adolescente hispana, nacida y criada en los Estados Unidos, un país en donde en las películas americanas y programas de televisión americanas se demuestra la igualdad del hombre y la mujer, confieso que esa idea machista me caía en la punta del hígado. No era la cocina o cocinar en si lo que yo odiaba. Inconscientemente creo que siempre he tenido un gusto por ese lugar de la casa, pero la manera en la que se le atribuye a uno como mujer hispana de que es nuestra “obligación” de cocinar, simplemente por el hecho de ser mujer.

Para mí, esa idea algo ignorante, y un poco denigrante, ya que la ideología viene con un tono humillante, ridículo y hasta deprimente para la persona a la que se le dirige. A medida que la vida me presentó con personas quienes transmitían un sentimiento diferente sobre la cocina, fue entonces cuando mi resentimiento hacia el arte culinaria fue bajando, y empecé a descubrir la parte de mí que se fascinaba con los aromas de las especies y la recetas.

Uno de esos momentos fue cuando entrevisté a la chef colombiana, Ingrid Hoffmann. La manera en que se expresaba sobre la cocina, y el recuento sobre cómo su familia le inculcó el amor por la cocina me encantó y me hizo desear que así también hubiese sido mi experiencia al crecer, para encontrar el mismo amor por la cocina a más temprana edad.

De cualquier forma, hoy en día estoy contenta porque de todos modos afortunadamente me he encontrado con esa parte que me hace estar orgullosa de ser mujer, tal como la bendición de ser hija, hermana, esposa y algún día, madre. Ahora estoy consciente que la cocina es un lugar sagrado que, a través de ella, tengo la oportunidad de usarla como una forma más de demostrar el amor a mis seres queridos a través de los alimentos que me salgan con sabor desde el corazón.

Para los padres de niñas adolescentes que no demuestren interés en cocinar, tal vez sería bueno preguntarse si la manera en que le están enseñando el significado de la cocina en el ámbito familiar es la correcta o no. Ya que, enseñar sobre la cocina es más que tratar de inculcar a la fuerza, o a través de intimidación. La clave y el objetivo es educar a la juventud sobre la cocina con tacto y amor, no con agresión verbal o emocional, ya que esto posiblemente puede provocar sentimientos negativos como me pasó a mí, y a muchas que sé que en silencio ahora cocinan con repudio.
Sin embargo, para esas personas que, al igual que yo, siempre escucharon que la cocina es una “obligación” de la mujer, recordemos que en primero la cocina es utilizada por hombres y mujeres en todas las partes del mundo. Además, si tenemos en mente que la cocina es una bendición y un lugar que podemos utilizar para nutrir a nuestros seres queridos y demostrarles nuestro amor, empezaremos a ver la cocina de diferente manera.

La cocina es un lugar que es como el corazón de la casa, en el cual la receta más deliciosa y satisfactoria para el alma es la que se cocina con amor….

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