Opiniones y Editoriales

El Diario de Atenea

Dios proveerá:
El costal de papas
de mi abuela

Muchos de nosotros hemos pasado momentos en los que no vemos la salida. ¿Quién no ha pasado por allí? De esos momentos que uno quiere tirar la toalla, que nada tiene sentido, que nadie parece tener ni la respuesta ni la solución a nuestros dilemas.

Antes de continuar, quisiera enfatizar que respecto a las creencias de todas las personas, ya sea que provengan de una religión, espiritualidad o ateísmo. Sin embargo, en esta columna me enfocaré en mi creencia dentro de la espiritualidad que talvez hablaré de ella más a fondo en otro momento.

Cuando yo he atravesado momentos difíciles, mi motor siempre ha sido mi fe en el Poder Superior, quien es el Dios que yo concibo. También, mi determinación de no darme por vencida, jamás me ha dejado rendirme.

He tenido la oportunidad de conocer a muchísima gente como yo, con quienes he aprendido a seguir en la lucha que es la vida, y también el honor de conocer gente que está en el camino de aprendizaje de su fuerza interior. Ambos tipos de personas, me llenan de esperanza y me inspiran cada día a ser una mujer luchadora y guerrera.

Una de las veces que he visitado a mi abuela, me di cuenta que en su cocina ella tiene de decoración en una repisa un pequeño costal de papas con las letras “Dios proveerá…” Mientras ella me explicaba como mi tía lo hizo a mano, esas dos palabras, “Dios proveerá,” impactarían mi vida desde ese día.

Anteriormente, ya había escuchado esa frase o su equivalente. Sin embargo, verlas escritas y en una forma simbólica como lo son las papas, que se refiere a que nunca falte el alimento, me hizo ver esa frase de diferente manera. Mi previa perspectiva era que, en los tiempos difíciles, mi fe en Dios me ayudaría a salir adelante. Y sí, siempre ha sido así.
No obstante, después de ver la imitación del saco de papas, reflexione en la verdadera o talvez diferente significado a que “Dios proveerá”. Ahora mi concepto de eso es que cuando Dios provee, tengo que abrir las manos y aceptar todas las papas que me quepan en mis palmas.

En veces, Dios nos da las herramientas necesarias para salir adelante, sin embargo, o no vemos esas oportunidades, o nos dan miedo, o sentimos que no las merecemos. ¿Entonces qué pasa? Pasa que nuestra situación de dificultad y miseria, sigue siendo igual.

No es fácil admitir cuando las cosas no van bien y especialmente cuando nuestros planes no tomar en camino esperado. Recuerdo que el día de mi graduación de universidad, fue el día que más me sentí orgullosa de mí misma. En mi mente, ya tenía toda mi vida resuelta. No obstante, no tenía ni idea que mi graduación era el principio de otro principio.

No fue fácil poner en práctica lo que estudie en la universidad. Después de graduarme, llegue a tener varios trabajos que ni requerían el diploma de la preparatoria. Sin embargo, ahora que lo pienso, las oportunidades me pasaban por todos lados.
En el momento, no lo miraba así porque yo estaba encerrada en un mundo donde yo no sabía recibir lo que Dios ponía en frente de mí.
En mi mente, no me ponía a pensar que había varias formas de poder lograr mis objetivos.

Por mucho tiempo, yo usaba un método que simplemente no funcionaba. Debo admitir, que con mucho sacrificio si logre a independizarme de cierta manera. A pesar de ello, existían momentos en los cuales tenía que decidir en usar mis ingresos para pagar la renta o comprar comida de la semana.

Esos tiempos, aunque difíciles, me enseñaron mucho a valorar cada bendición de Dios, pero también a recibir más de lo que Dios me da porque me lo merezco y porque soy capaz de utilizarlo en maneras productivas. Desde que he adoptado esa perspectiva, mi vida a dado un cambio total. Muchas de las puertas que pensé que el mundo exterior a mí me cerraba, eran solo en mi mente. Ahora sé que si una puerta se cierra es porque Dios proveerá el acceso a dos puertas más.

Para cualquier persona que lea esto y se identifique, recordemos que así como los buenos tiempos no son para siempre, tampoco los malos. Todo va y viene, y si la vida se muestra como que no hay salida, salgamos por donde entramos a esa situación, y entremos a otra que nos de mejores resultados.

Dios siempre proveerá, solo tenemos que aprender a extender nuestros brazos y recibir esas papas a manos llenas.

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