Opiniones y Editoriales

El Diario de Atenea

El efecto de segunda mano del alcoholismo

Se está llegando el día del bautizo de la nena de la familia, y ya están listos con todo lo que se necesita. Al parecer, solo falta la comida, la piñata y decoraciones. Eso sí, lo primero es lo primero. Cajas y cajas de Modelo, Tecate y Pacifico ya estaban listas desde hace semanas.

Un ejemplo muy común entre la comunidad hispana, de la cual hasta hacemos broma y risas. ¿Qué tiene de malo, son solo unas chelas para ambientar la fiesta, que no?

Creo que he sido de las personas que he aprendido a través de las no tan buenas experiencias de otros. Para mí, el alcohol no es algo malo. Al contrario, a mi también me gusta disfrutar de la vida con una cerveza, aunque en parte de mi familia sea como si fuera equivalente a las drogas. Sin embargo, es posible divertirse con el alcohol cuando se toma con medida.
En mi vida, el alcohol no ha sido algo malo porque a diferencia de muchos amigos y familiares que casi cambian un biberón por una caguama a muy temprana edad, yo me esperé para tomar hasta los 21 años, aunque mucha gente no me lo crea. Además, siempre he tenido en mente que jamás recurriría al alcohol para “ahogar las penas” como muchas de las canciones de Vicente Fernández expresan.

Sin embargo, cuando yo crecía y hasta el día de hoy, observo como mucha gente a mi alrededor utiliza el alcohol como un escape mental. Con mascara de pasar un buen rato, las personas se anestesian con una botella de alcohol sus inseguridades, sus penas presentes y sus recuerdos dolorosos de la niñez.

Cuando un novio que tuve me iba a presentar con su familia, me advirtió lo “chistoso” que se ponía su padre bajo los efectos del alcohol. Y si, en cada reunión familiar, después de que el baile y fiesta se empezara a disipar, el señor contaba las dificultades que vivió en su vida. Durante esos pequeños episodios, podía entender mucho del comportamiento de conmiseración propia del hijo.
Ese caso es talvez uno de los más leves, por lo menos por lo que yo pude presenciar. Sin embargo, detrás de la puerta la verdadera cara del alcohol, no siempre es lo que se aparenta en la rumba y fiesta.
El alcoholismo es un mundo de anestesia donde no solo afecta al que lo consume, si no a todas las personas de alrededor. En ciertos casos, los efectos de segunda mano del alcohol, son más fuertes que el alcoholismo en sí. Un ejemplo es de una madre que pierde a su hijo en un accidente por culpa de un conductor ebrio.

Observando a los familiares de alcohólicos, noto un tipo de patrón similar. Unos siguen el ejemplo, otros se cohíben en un mundo de fantasía, televisión y video juegos. Otros se convierten en maestros del comportamiento pasivo-agresivo ya que el alcohólico por lo general es el o la que expresa agresividad abiertamente. En fin, los efectos psicológicos de hijos y cónyuges de personas que son alcohólicas, serian afectadas significativamente.

Yo no he sido afectada por el alcoholismo en un grado cercano que digamos. Sin embargo, tener amistades, familiares y relaciones sentimentales con hijos de alcohólicos no es muy fácil tampoco. Siempre me ha dado un poco de tristeza cuando sé que estos hijos fueron o siguen siendo el blanco de la lengua letal o hasta de los golpes de un alcohólico. Personas con capacidades y potenciales muy grandes, opacados por las palabras y/o golpes de una persona bajo el control del alcohol.

Es desagradable hablar de algo así, pero más lo es cuando se vive o uno es testigo del calvario que otros viven al lado de un alcohólico. No obstante, es importante hablar de este problema para ponerle un alto al ciclo dañino y tóxico que es innecesario y difícil de cargar.
El alcohol no tiene que ser una razón para reprimir sentimientos del presente o pasado. Ni tampoco una excusa para dañar a los que se supone que amamos, quienes son nuestras familias y comunidades.

El alcohol puede ser una razón de celebración genuina. Cuando se maneja correctamente, se puede disfrutar por toda la familia, sin reprimir ni intimidar. Cuando vemos el alcohol como un anestésico es en ese momento que empieza a controlar a la persona.

Para las personas que sienten ser victimas del alcohol, nunca es tarde darle un giro para bien en su vida y empezar a reparar los daños no solo físicos, pero si no también psicológicos que brinda la combinación de la falta de auto-control y el alcohol. Existen muchos centros de ayuda para gente con problemas de alcohol. Para más información puede llamar al (303) 922-9523.

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