Opiniones y Editoriales

El Diario de Atenea

La aceptación
de las ovejas negras

Los seres humanos somos sociales por naturaleza. Gran parte de nuestra personalidad está basada en el aprendizaje y la convivencia dentro de los grupos sociales de los que somos parte de, tal como la familia, amistades, ó compañeros de escuela ó trabajo. Dependiendo del individuo, es importante para él ó ella adaptarse y ser aceptado dentro del ámbito social hasta un cierto grado.
Siento que mi madre hizo un excelente trabajo en enseñarme los requisitos básicos de cómo ser parte de la sociedad. Ser amable, saludar, tener modales y mucha humildad.
Durante toda mi adolescencia, casi nadie tenía queja de lo “buena muchacha” que yo era.
Por otro lado, crecer en un ambiente totalmente diferente en la escuela secundaria y preparatoria, y ya después en la universidad, ser esa “perfecta persona” se empezó a convertir en un reto muy complejo. Se me hacía muy estresante tener que mantener esa imagen que se me inculco desde pequeña. Especialmente en mi cultura hispana, ya que la lista de requisitos para ser “socialmente aceptada” allí, es definitivamente extensa.
Sin embargo, con el tiempo y experiencias de la vida, mi auténtica personalidad empezó a emerger, gracias a mi Poder Superior. Digo gracias a Dios porque si no hubiese sido así, talvez la constante presión de tener que caber en la imagen conservativa para agradar a mis familiares y la imagen de expresión total de la cultura americana donde mis padres decidieron tenerme, sin duda, yo hubiera cometido muchos errores más de los que sé que me arrepentiría hoy en día.
Regresando a la época donde yo me esmeraba por la aceptación de mi ámbito familiar, me recuerdo que los elogios y la aceptación de ese grupo social me hacían sentir bien. No obstante, yo no era completamente feliz. Me sentía que yo no era yo misma, que yo estaba viviendo la vida de otra persona que simplemente no era yo.

Cabe destacar que no porque yo no me sentía ser yo al actuar como la “buena muchacha” como me describía la gente, eso no quiere decir de ninguna manera que la verdadera yo, era lo contrario. Ósea una muchacha mala y sin escrúpulos. Lo que yo quiero decir es que las características que yo tenía que tener para mantener una imagen “adecuada” era de callarme mis opiniones, de la escuela a la casa y vice versa, vestirme de cierta manera y cosas por el estilo.

Al igual, las características comunes entre la cultura americana en los Estados Unidos son de expresión completamente libre, fiestas hasta no más poder, alcohol y drogas y muchas cosas más. También cosas productivas como la excelencia profesional y la igualdad entre hombres y mujeres.
Asimismo, las dos culturas que son parte de mí, tienes sus buenos y malos lados. Sin embargo, yo he tratado de tomar los lados talvez no 100 por ciento “buenos” pero los correctos para mí, mi personalidad, mi crecimiento como persona y más importante, para mi sanidad mental y felicidad espiritual.
Por consecuencia, mi estilo de vida muy particular y muy “mía” me ha costado mucho, sino casi toda la aceptación que me brindaba mi comportamiento de “niña buena” previamente. Cosas como expresar mis sentimientos y emociones, ser dueña completa de mis decisiones, crecer profesionalmente en mi carrera, salir a divertirme después de una super larga semana de trabajo y porque mi personalidad es ser alegre en sí, son unas de las cosas que se podrían considerar como razones para convertirme en la oveja negra de la familia y algunas amistades conservadoras.

No obstante, dentro de mí sé que mi familia y amistades me aman porque al final del día, no seré la persona perfecta que cabe dentro de sus expectativas, pero sé que ellos saben el amor incondicional que siempre les tendré desde los más profundo de mi corazón. Al mismo tiempo, en mis ojos siempre los aceptaré tal y como son por ese mismo amor que nadie ni nada podrá cambiar, ni siquiera mis propias ideas de como ellos “deberían ser”.
Sé que no soy la única, la primera ni la última que pase por este tipo de situación donde de repente uno se siente como “la oveja negra”. En todo caso, para los que hemos experimentado este reto, recordemos que al final del día la gente siempre nos va a querer más por lo que realmente somos que por lo que ellos quieran que seamos, aunque parezca una paradoja en vida real.

Lo más importante, si la oveja negra o gris o blanca no se acepta por si misma primero, la gente simplemente estará aceptando algo que no es real. Y por consecuencia, en realidad no están aceptando a la persona, sino solo a la apariencia. Ultimadamente, jamás se le podrá dar gusto a todo el mundo. La aceptación de la oveja negra es algo primeramente personal, y algo muy satisfactorio para el alma, siempre y cuando uno se acepte genuinamente.

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