Cultura

Más acá de la Frontera

Por Rosa Kwick

Por Rosa Kwick

* Cuando la vejez
es un defecto

En un programa televisivo, observé la siguiente escena: ¡Hijo, deja ya ese juego de video que se nos hace tarde para ir a visitar a los abuelos! He olvidado llamarles y no los hemos visto desde la cena de Acción de Gracias del año pasado. El chiquillo responde sin despegar la vista del juego: Yo no quiero ir. La abuela huele a pipi y el abuelo tiene mal aliento. El padre que mira televisión, mientras da sorbos a su lata de cerveza, deja escapar una estridente carcajada.
Recuerdo un caso doloroso de años atrás trabajando en el negocio de las cuidadoras o (caregivers). Esta señora de edad avanzada y con graves problemas de demencia poseía una casa y dinero de su retiro para sus gastos.

Un buen día su único hijo quién no acostumbraba visitarla, decidió que era el momento en que fuera llevada a un asilo. Él podría vender la casa y pagar algunas deudas y por qué no, también unas merecidas vacaciones. Un día de tantos ella salió de su hogar apoyándose del brazo de su hijo y una pequeña maleta con efectos personales. De los pocos recuerdos que aún tenía, el del hijo era el más vívido.

La casa permaneció cerrada por algunas semanas mientras se hacían los arreglos de la venta. La agente de ventas llegó a poner el anuncio de “se vende” y se encontró con una desagradable sorpresa. Una gata en estado de inanición y casi inconsciente. De inmediato llevó a la gatita a la vejezveterinaria y le salvaron la vida. Poco tiempo después fue adoptada por otra familia. Sin embargo, su antigua ama no tuvo la misma suerte. Cuatro meses más tarde fallece. Solía sufrir ataques de pánico seguidos por una depresión aguda. Pedía a gritos ver a su hijo y que la sacaran del asilo al que nunca se adaptó y tampoco supo la razón por la que se encontraba en ese lugar. El hijo sólo envió algo de dinero para los gastos funerarios. Se encontraba de vacaciones en Hawaii y no estaba dispuesto a regresar por algo que esperaba y que era lógico a ocurrir, la muerte de su madre.

Ocurre con frecuencia que el anciano(a) tenga que vivir con familiares por problemas financieros. Se dan casos en que es tratado con falta de consideración por parte de miembros cercanos de su familia. Hay un abierto rechazo sin disimulo hacia quién consideran que ya no sé da cuenta si es humillado o no.

Los comentarios y las burlas hacia las personas de la tercera edad son hirientes y degradantes: “la abuela apesta”, “tu papá ya nos está robando el oxígeno”, “llévale la cena a su cuarto, me da asco verlo masticar”, “Cuando la abuela se duerme, se le sale la saliva” y podría enumerar muchos más. El defecto vulnera y quebranta especialmente cuando es físico. Llegada la senectud, todas las habilidades perdidas son defectos para algunos y les resulta chocante el tener que velar por esa persona decrépita y senil que nada tiene que aportar.

La vejez se convierte en defecto cuando virtudes tales como belleza, inteligencia, agilidad, prontitud, y sobre todo la capacidad para proveer económicamente a otros se han desvanecido.
Tengamos respeto por nuestros ancianos. Devolvámosles la dignidad y el respeto que nos dieron cuando nos criaron porque como decía mi abuela: “como te ves me vi y como me veo, te verás”. Comentarios a rokwick@cox.net

 

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