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¿Tema tabú? Suicidios, armas de fuego y el destino eterno

El aumento en los suicidios en Colorado podría deberse al creciente uso de armas de fuego en este estado, indica un reporte oficial.
A la vez, una nueva encuesta a nivel nacional entre cristianos revela que, contrariamente a lo que sucedía antes, los creyentes ya no aceptan que el suicidio lleva a la condenación eterna.En 2013 (año más reciente con datos disponibles), 1004 personas se quitaron la vida en Colorado, el sexto número proporcionalmente más alto del país. El 13 por ciento de quienes tomaron esa trágica decisión eran hispanos. Además, en la mayoría de los casos (584) se trató de hombres de más de 30 años.

Y según un reciente reporte del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de Colorado, 527 de esos suicidas usaron armas de fuego.

Teniendo en cuenta que en 2013 el total de muertes por armas de fuego en Colorado llegó a 638, eso significa que los suicidios representaron el 82Arma por ciento de los muertos a mano armada.

“Ese debería ser un llamado a la acción para todos en el estado de Colorado para actuar con mayor firmeza para prevenir los suicidios con armas de fuego”, comentó Eileen McCarron, presidente del Colorado Ceasefire Capitol Fund.

“Es un complicado problema de salud mental, pero impedir el fácil acceso a pistolas puede hacer una gran diferencia”, agregó McCarron, citando estudios que afirman que poco se puede hacer para ayudar a un suicida con un arma en su mano, ya que en el 90 por ciento de los casos las heridas son mortales, al contrario de lo que sucede, por ejemplo, en casos de exceso de drogas.

Para McCarron, parte del problema es que en Colorado “resulta fácil acceder a armas de fuego y difícil acceder a servicios de salud mental”.

Por eso, Colorado Ceasefire pide que los dueños de armas de fuego asuman su responsabilidad sobre dónde y cómo guardan esas armas y sus municiones y que sigan el concejo del Departamento de Salud estatal sobre no dejar armas al alcance de personas con tendencias suicidas.

A la vez que eso sucede en Colorado, un creciente número de creyentes en todo el país, aunque considera que el suicidio es “una epidemia”, ya no acepta que ese acto trágico e irreversible lleve a la condenación eterna de quien lo cometa, según una encuesta nacional realizada por LifeWay Research.

En la actualidad, según el sondeo, poco más de la cuarta parte (27 por ciento) de los adultos cristianos del país cree que el suicidio lleva a la muerte eterna.
Mientras tanto, la mayoría de los católicos (63 por ciento) y de los protestantes (54) por ciento afirma que ese no es el caso. Y uno de cada cinco cristianos (19 por ciento) no sabe qué creer sobre este tema.

Los porcentajes son similares entre los creyentes hispanos, según LifeWay.

Scott McConnell, vicepresidente de LifeWay, consideró que parte de la razón del cambio en la postura de los cristianos sobre el suicidio es que cada vez son más los cristianos que han sentido el impacto del suicidio de un amigo o un familiar directo, especialmente entre personas de 25 a 34 años.

Esa experiencia cercana lleva a que ya no se considere al suicidio como un acto de inmenso egoísmo y, por lo tanto, la respuesta es distinta a la que antes se ofrecía.

“Los estadounidenses ahora responden con compasión a una tragedia que afecta sus vidas. Cuando más los investigadores aprenden sobre los efectos de enfermedades mentales, la gente más tiende a reaccionar con compasión a los casos de suicidio”, explicó McConnell.

“La irreversibilidad del suicidio hace que muchas personas se pregunten sobre sus consecuencias.
La mayoría de las iglesias siguen enseñando que el suicidio es algo malo, pero muchos creyentes lo reconocen como un acto de la soberanía y la misericordia de Dios”, agregó.

Existe, sin embargo, una gran contradicción: dos de cada tres de los pastores consultados por LifeWay afirman que hablan de salud mental (depresión, por ejemplo) con sus congregaciones sólo una vez al año, mientras que dos de cada tres miembros de esas mismas congregaciones sostiene que se debería hablar del tema con mucha más frecuencia.

“Les enseñamos a nuestros jóvenes que tener un problema de salud mental es un falla en su carácter en vez de una condición médica. Resulta bueno ver que esa cultura comienza a cambiar y que en las iglesias se comienza a hablar abiertamente de suicidio y de salud mental, sabiendo que eso puede ser la diferencia entre la vida y la muerte”, declaró McConnnell.

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