La Mente de Cristo – Parte 2

Por Pastor Pedro H. Gonzalez

Que apasionante podernos dedicar a esparcir el mensaje del Reino de los cielos, tema central de la predicación de Jesús durante su transición aquí en la tierra.

En este tópico nada mas importante que captar lo que significa la mente de Cristo y reconocer primeramente que la tenemos, se nos dio, no la obtuvimos, nos fue dada, nada pudimos hacer para conseguirla, pero una vez que la tenemos entonces es un desperdicio no activarla, porque esa parte si requiere de nuestra participación.

Romanos 7:25. Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Este     es    un      escrito     orientado    a

perfeccionar el corazón (la mente) de los entendidos. Quien escribe es el Apóstol Pablo y esta cerrando el capitulo 7 (no está así nomenclado en el original del rollo) aunque lo que en verdad está pasando es que, el está poniendo punto final al tema del hombre caído en Adán para dar paso al hombre recreado en Cristo, pasa de un capitulo 7 donde nos muestra a un hombre contradictorio al capitulo 8 donde nos muestra a un hombre espiritual completamente adueñado de su identidad en cristo.

En ese versículo 25 el Apóstol a los gentiles nos dice que, el con su mente sirve a la ley de Dios, pero con su carne a la ley del pecado, la cual es la ley Mosaica. En Romanos 8:2 el hace una importante aclaración y dice así: Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte; aquí hace su aparición el hombre liberado. Pero ese hombre no aparecería sino hubiese primero rendido su mente al servicio de la ley de Dios, la ley del Espíritu de vida.

Poner nuestra mente al servicio de la ley de Dios es verdaderamente empezar a moverse en el Espíritu, en la ley del Espíritu de vida. Esa ley nos libera, pero debe pasar como tal, por dos filtros, nuestra mente y nuestra alma, para llegar a su punto de máxima expresión, la mente de Cristo, allí es donde la ley del Espíritu de vida alcanza su clímax de manifestación. El hombre natural no puede entender las cosas de Dios, le es imposible; es decir que si pensamos entender a Dios desde nuestra mente natural sencillamente no podremos, pero una vez que activemos la mente de Cristo entonces entender a Dios y servir su ley ya no será un reto ni cosa sobrenatural sino un estadio en el que se fluye de forma normal, natural, no forzada. Nos estaremos moviendo en los terrenos del Espíritu.

Quien logre llegar allí, habrá dejado atrás el ambiente religioso y habrá entrado en los terrenos que le eran propios a Adán antes de la caída y que fueron recuperados por Cristo para el hombre actual que se atreve a creer más allá de los parámetros forzados de la religión y la ley.

Hablamos de ir, no un paso sino millas enteras, más allá de los convencionalismos,  de  las doctrinas, los dogmas y las denominaciones, arribando así a los terrenos que le son abiertos a los hijos  pro que permanecen vedados para los simples creyentes. Este es otro nivel de conciencia. Activar la mente de Cristo requiere dejar de funcionar con nuestra mente y empezar a pensar con una mente mas amplia, mas fuerte y mas capaz; una  mente  que  no  se limita, que sale de la caja, que es capaz de descubrir la oportunidad donde las mentes normales solo ven problemas, que puede  ver  claramente  donde  otros solo ven brumas y penumbras, una mente que  oye  solamente la voz del  Padre  porque  solo en ella se enfoca.

Una mente que trasciende los limites de lo natural y se remonta a lo sobrenatural pero no para asombrarse ni alardear sino para fluir allí dándole gloria al Padre.

Hablamos de un hombre superior, de alguien que se ha despegado del medio terrenal y se ha elevado. A ese individuo ya no lo atan  los  halagos ni lo quebrante el rechazo, no lo compran con dinero ni lo asusta la escasez, Ha aprendido a vivir bien cualquiera sea su situación  temporal,  el  ya  se  mueve  en lo eterno y en lo eterno nada falta. Hablamos del hombre recreado según Cristo, al que le fue  devuelta la imagen y semejanza de Dios en Cristo. Ese es el hijo, solo hay un remanente, y se llega allá, con la mente, puerta de entrada y de salida del verdadero evangelio.

Juan 10:9 Yo soy la puerta; el que por mi entra, será salvo; y entrara, y saldrá, y hallara pastos.

Soy el Pastor Pedro H. Gonzalez de la Iglesia Embajada del Reino.
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Le esperamos!.

La Prensa de Colorado

Awesome.

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