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LA VIRTUD DE LA GRATIFICACION

 

Por Rosa Kwick
Por Rosa Kwick

La palabra gratificación y sus sinónimos puede que solo nos indiquen gramaticalmente que se refiere a paga, recompensa, retribución, sobresueldo, extra, plus, asignación, remuneración, aguinaldo, propina, etc.

Pero en su sentido más profundo y emocional, significa el aprender a despertar esos sentimientos de lealtad y agradecimiento con la sola mención de la palabra: GRACIAS.

El gratificar aplica a todo ser humano, en todas las acciones de nuestra vida. En el área laboral, si tu eres un empleador que remunera lo justo a sus empleados, tendrás personas que te sirvan con agrado, sin faltas al trabajo injustificadas y de manera eficiente. Sin embargo, si tienes la virtud de gratificar a las personas que te prestan un servicio, no solamente con un salario, bonos, etc., sino con el hecho de no olvidar agradecer de manera sincera cuando una meta se ha cumplido exitosamente a esa persona que lo hizo posible, lograrás un empleado leal y un amigo sincero para toda la vida. Esa persona te recordará con aprecio y respeto a través de los años.

En todo el resto de las áreas de nuestra vida, no hay algo mas valioso y que nos separa de la irracionalidad que el mencionar la palabra mágica: Gracias. Aplica incluso al levantarnos cada mañana y agradecer por un nuevo día, en lugar de refunfuñar por las tareas que nos esperan. Ese agradecimiento ya nos hizo mágicamente un cambio de actitud y en la medida que ese positivismo nos invada, todo lo que hagamos será exitoso.

Les tengo una pequeña historia que ejemplifica la importancia del agradecimiento, de la gratificación, de esa que obra en el interior de quien la recibe el milagro de un bálsamo tan placentero a la autoestima que nos ayuda a ser mejores cada día. Un leñador se quejaba amargamente con un compañero de actividad que encontró en el camino, ambos utilizaban a un burrito para cargar  maderos.  “Maldito animal, me rinde la mitad que lo que el tuyo, simplemente a mitad del camino, decide no caminar más a pesar de que le doy agua y lo alimento”. El otro hombre respondió: “tal vez si dejaras de golpearlo tanto en el lomo hasta hacerlo sangrar, el animal no se detendría a mitad del camino. Yo también alimento a mi borrico y le doy de beber porque él me da un servicio y si no fuera por ello, no tendría alimento que llevar a mi casa. No acostumbro golpearlo, porque no quiero envilecerlo. Cuando lo veo cansado y jadeante, hago un paro en el camino, le doy unas palmadas de agradecimiento y en unos minutos, él está listo para continuar la jornada”.

La gratificación verbal, una palabra de aliento nada tiene que ver con el significado en el diccionario. En su más puro y profundo sentido, puede cambiar la mentalidad de un hijo, de un estudiante, de un trabajador y de toda criatura con raciocinio para sentir como el interior se llena de regocijo al estímulo de un gracias. En cuestión laboral, es altamente reconfortante y puedes lograr de un empleado común, un empleado excepcional.

Aprendamos el arte de la verdadera gratificación. A tratar a quienes nos rodean de la misma manera que nos gustaría ser tratados. Empecemos por agradecer cada día por el hecho de estar vivos y saludables y el resto vendrá por añadidura.

No vivamos con la idea de que todo lo merecemos y que no es necesario dar las gracias, especialmente a aquellos que nos sirven, porque si así fuera, caería maní del cielo.

Comentarios a rokwick@cox.net

 

 

La Prensa de Colorado

Awesome.

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