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Más acá de la Frontera

Por Rosa Kwick
Por Rosa Kwick

FRAGIL

Los seres humanos aparte de ser energía pura, somos un cúmulo de emociones que se convierten en sentimientos. Hay emociones que invaden como una epidemia incontrolable y está en nosotros mismos el evaluar su calidad, puesto que contamos con el libre albedrío. La envidia es un sentimiento corrosivo ante los logros ajenos y muchas veces no intentamos analizar la razón, solo nos enojamos y despepitamos sobre esa persona que parece haber logrado todo en la vida. Nos preguntamos con coraje que tiene esa persona que no tengamos nosotros mismos para haber logrado la prosperidad, especialmente si no cuenta con una instrucción profesional o características que la destaquen como alguien único. Puede que esa persona sea común, pero cuenta con un privilegiado don que es el de la oportunidad.

Les voy a compartir una historia muy bonita de Cristóbal Colón que es imperecedera y aplica a cada uno de nosotros. Es una historia simple pero con una enseñanza de vida que podemos compartir con nuestros hijos, acerca de una persona común que logró con la creencia del “sí se puede” y mucha perseverancia, el descubrimiento de una tierra inhóspita que creyó que eran las Indias, pero era algo más grande y maravilloso que eso: fue el descubrimiento de un mundo nuevo y de posibilidades infinitas: América.

Cuenta la anécdota que se encontraba Colon con nobles caballeros españoles, después de su maravilloso viaje en el que él creía haber descubierto las Indias. Brindaban con él, algunos felices de su logro y otros no tanto; chocaban sus copas cuando uno de ellos le dijo: Señor Colón: cualquiera de nosotros hubiera podido lograr lo que usted hizo. Todos los aquí reunidos somos caballeros valerosos y arrojados. Efectivamente – respondió Colón- y tomó un huevo y retó a cada uno de los comensales a que lo pusieran de pie. Cada uno intentó hacerlo sin éxito. Finalmente, Colon tomó el huevo, le dio un golpecito en la punta y quedo de pie sobre la mesa. Cualquiera pudo haber hecho eso –exclamó uno de los comensales airado – pero lo hice yo, caballero -respondió Colón.

Ese es el don de la oportunidad, el estar listo a las señales que la vida nos presenta a diario. El intentar nuevos retos en cuanto se presenten. Seguir preparándonos para no quedar atrás en la aldea global, como decía el gran Guillermo Rossell de la Lama, Gobernador del Estado de Hidalgo, Secretario de Turismo y Senador de la República y a quien tuve el honor de servir y de quien aprendí que la vida no es fácil, pero si te esfuerzas, se logran los objetivos.

El tenía ese don y una sensibilidad para entender lo que debía hacerse para lograr lo que se esperaba. De él aprendí que no tienes porque conformarte con poca o nula educación interrumpida por cualquier razón. Siempre hay la oportunidad de seguir adelante, de aprender cosas nuevas que nos hagan más competitivos y de no tener porque sentir envidia por aquel que lo ha logrado todo en la vida.

Las oportunidades son para todos, pero si no desarrollas el maravilloso don para encontrarlas; ni te quejes ni critiques a esa persona que si logró ver su brillo maravilloso e hizo lo que debía hacer en el momento preciso.
Comentarios a rokwick@cox.net

La Prensa de Colorado

Awesome.

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