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Por Rosa Kwick
Por Rosa Kwick

A MI GUERRERO
INDOMABLE

Si, me refiero a ti, que desde el instante en que abres los ojos cada mañana, estás listo para enfrentar la batalla.

El temor existe ante la incertidumbre de los retos que habrás de vencer, los enemigos naturales tales como la apatía, el desánimo y la pereza acechan esperando a que caigas, pero tu espíritu cargado de positivismo y valentía no les dará cabida. Tienes un día por delante en que lo único en que debes enfocarte es en el éxito.

Así son nuestras vidas, un cúmulo de pérdidas y ganancias; pero para el guerrero indomable, esas pérdidas son enseñanzas para la próxima batalla y las ganancias el disfrute discreto y maduro de los logros adquiridos.

Cada quien a su edad, libra la batalla. A los jóvenes les acechan enemigos tales como el desprecio a lo que el adulto indica, el desgano hacia las tareas que deben cumplirse porque ignoran que esa disciplina será el arma para lograr vencer a enemigos poderosos como la drogadicción, el alcoholismo, el sexo a edades tempranas y con ello, la pérdida de las habilidades para enfrentar el futuro. Llámese punto sin retorno del que ese guerrero no podrá volver al campo de batalla.

Ante la embestida de tales fuerzas, queda inerte y vulnerable. El honor al que pudiera hacerse acreedor al lograr terminar una educación se vuelve un sueño, una quimera.

Nos toca a los padres, hombres y mujeres, el aprender a usar la espada y enseñar a nuestro pequeño guerrero como utilizarla, como deberá aprender a defenderse por sí mismo en esa batalla en la que no podremos estar presentes.
El guerrero indomable sabe que debe mantener la mente clara y alerta y para ese propósito no comerá ni beberá hasta el hartazgo.

Su mejor arma será siempre la moderación y el equilibrio en cuanto a estímulos se refiere. Preferirá la ligereza de pensamiento que conlleve a la creatividad y el buen juicio para la concreción de la meta anhelada que no es otra más que crecer.

Dedico estas palabras a ti, hijo mío, mi amado Rafael porque quiero que sepas cuan orgullosa estoy de ti por tus logros, tu valentía, tu optimismo, porque cada vez que te han vencido en la batalla, tú te levantas como un titán dispuesto a derrotar cualquier reto u obstáculo en el camino.
Mi guerrero indomable, por tu alma gentil y tu fortaleza para vencer a esos enemigos que a algunos nos han vencido; te amo y te respeto. Empuña tu espada y no mires atrás. El futuro luminoso ha abierto sus brazos para ti.

Final: Nadie está exento de perder batallas, pero mientras tengas salud y energía, sigue luchando.
Así como la adversidad tiene guerreros, tu también tienes guerreros poderosos e invencibles que son la voluntad, el arrojo para romper las cadenas, el empeño para esforzarte día a día para ser mejor en todo lo que te propongas y tus generales son aquellos seres que te aman y te amaran hasta el final de los días sin importar cuantas batallas tengas ganadas.
Se pierden batallas, pero no la guerra y quien decide esto último es porque ese es su deseo.

La Prensa de Colorado

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