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Más acá de la Frontera

Por Rosa Kwick
Por Rosa Kwick

* Y le llamaron prudencia

La clase de Zumba está por dar inicio y todas las participantes llegamos a tiempo para asegurarnos la cercanía con nuestra entrenadora Susan, una joven de virtudes poco comunes que la han convertido en la más popular y admirada. Hay grupos de chicas platicando y en el que yo me encuentro, se acerca una señora de edad madura, nos saluda de manera cordial y suelta a mi amiga y compañera de ejercicios este comentario: “Cómo se parece usted a mi mamá”. Se hizo un silencio mortal y pensé: “va a arder Troya”… y ardió. Mi amiga responde enfurecida: ¿Lo dices por lo vieja? y la imprudente replica: “No, es que a mi mamá también le gusta bailar Zumba”. Se retiró de inmediato y la imaginé como una gallina cuando sale huyendo porque están a punto de retorcerle el pescuezo. Cuando pienso en el incidente creo que su intención no era herir, sin embargo, el comentario en ese momento y circunstancia, fue como un balde de agua helada.

El tema de la edad entre las mujeres es algo serio y el preguntar la edad puede conducir a varios escenarios: La pérdida de la vida, una respuesta tal como: “a una dama no se le pregunta la edad” o una flagrante mentira.

Hay temas tabú porque no siempre estamos en el humor de responder con la verdad o simplemente es algo que nos duele o nos causa vergüenza. Los seres humanos somos complejos. Y como recursos siempre habrá para evitar lastimar susceptibilidades, es que existe la prudencia, que de acuerdo al Diccionario de la Lengua Española, significa cautela, sensatez y buen juicio.

Hay temas mucho más sensibles que se comentan a espaldas del aquejado, pero no se le pregunta directamente porque puede que recibamos una respuesta que lastimará nuestros sentimientos y todo por atreverse a preguntar.

Pongamos como ejemplo el sobrepeso. A menos que el afectado (a) se quejen al respecto es cuando podemos hacer algún comentario con cautela, a menos que seas un doctor y te veas en la obligación de hablar sobre el tema con la persona, de otra manera, hay que evitar hasta la mirada indiscreta hacia la humanidad de esa persona, aunque a veces resulte tan difícil. Hay temas que llaman la atención e invade una ansiedad por hacer la pregunta, regularmente, este tipo de cuestiones son incuestionables.

Hay situaciones en que la prudencia bien puede largarse de paseo y es cuando se trata de los hijos, sobre todo adolescentes, que suelen mentir con facilidad sobre asuntos que ellos consideran “normales”. Pero que la experiencia nos ha mostrado que no lo son, tales como el uso de estupefacientes, alcohol o tabaco, sexo a edades muy tempranas y tantos otros males que pueden aquejar a un padre con hijos de cualquier edad. A seguir indagando y hablar con ellos hasta que la prudencia languidezca.

Para terminar con el tema, les tengo una de las preguntas más imprudentes que existen. Cuando te preguntan “¿cuánto ganas?” Si eres de un carácter fuerte quizá respondas: eso no es de tu incumbencia y si eres timidón, puede que des una cantidad aproximada para evitar destruir al preguntón en caso de que ganes mucho o convertirte en motivo de burla si es al contrario.

Pensemos primero antes de hacer un comentario o pregunta hacia quién va dirigido, que tan estrecha es la amistad con la persona y si fuese menester el preguntar, buscar las palabras adecuadas para ello, no vaya ser que por uso excesivo de imprudencia nos ganemos algo de violencia.

Comentarios a rokwick@cox.net

 

La Prensa de Colorado

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