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EL ALBUR MEXICANO

El albur es un lenguaje popular, una manera de comunicarse propia entre los mexicanos, donde no se trata de agredir ni ofender a nadie, simplemente es una manera de desafiarse a través del juego de palabras en doble sentido, principalmente de contenido sexual, homofóbico, machista y humillantes entre dos o más interlocutores, buscando siempre demostrar quién es más rápido, creativo y talentoso sin “utilizar malas palabras” ni ofenderse”, aunque en la mayor de las veces no se logra este propósito.

Históricamente no se tiene una fecha exacta de su nacimiento, aunque se dice que ya los mexicas hacían alusiones en doble sentido de sugerencias eróticas; sin embargo, se dice que a fínales del siglo XIX, era utilizado por los mineros de Pachuca en el Estado de Hidalgo (México).
De ahí, esta práctica comenzó a esparcirse al centro del país, donde se arraigó y perfecciono, principalmente en colonias de escasos recursos, sin que por ello personas de nivel cultural alto hayan confeccionado un tipo de albur más sutil, buscando evitar palabras y expresiones groseras u ofensivas, cosa que no resulta nada sencillo.
Aunque se dice que nació en esta región, no por ello se practica en algunas otras regiones de habla hispana con sus características propias.

Para el año de 1960, el famoso ingeniero, arquitecto y escritor mexicano Armando Jiménez Farías, mejor conocido como “Armando Jiménez”, fue capaz de recopilar de manera sencilla y elocuente en una obra llamada “Picardía Mexicana” albures populares mediante frases y términos propios de la cultura popular mexicana, hablada comúnmente por habitantes de la Ciudad de México, libro que cuenta con millones de ejemplares vendidos.

Este juego de palabras se practica principalmente entre hombres, aunque no por eso se da también entre mujeres, prueba de ello es la famosa “reina del albur” o “la verdolaga enmascarada”, Lourdes Ruiz Baltazar, dedicada a la venta de ropa y difusora importante de la cultura popular en el famoso barrio de Tepito y quien fuera la primera mujer ganadora del torneo de albur de la Ciudad de México.
Su talento era tal que llego a impartir diplomados de “albures finos” en la Galería José María Velasco de Tepito, y quien recientemente falleciera el 13 de abril pasado, descanse en paz.
El albur lo puedes escuchar en todas partes y tanto mexicanos como extranjeros son víctimas de los albures y es tan espontaneo que nunca sabes de donde ni en qué momento te lo encontraras; por lo que no olvides que la única función es la divertirse, aunque solo pocos podrán entenderlo.
En México se creó el Concurso Nacional del albur, en el que deben de respetarse las siguientes reglas:
• No se puede insultar directamente al contrincante;
• No se pueden utilizar palabras soeces, porque seria causa de descalificación inmediata;
• Debe contestarse el albur en menos de cinco segundos o se pierde;
• No se puede repetir un verso.

A continuación citaremos solo algunos ejemplos de albures, con el propósito de darse una idea:

No sacudan tanto el chile, que se riega la semilla.
No sacudas la cuna, que despiertas al niño.
No se apene, pásele joven.
Te molesto con el chile es que me agarra lejos.
No me agarren el chiquito por que empieza a chillar

¿Cuál es el pájaro más caballeroso?
R: El que se para pa’ que te sientes.

Así que mis queridos lectores no se sorprendan cuando viajen a la Ciudad de México y escuchen palabras que a su parecer parezcan vergonzosas, picaras y que tal vez no entiendan, pues quizá estén ante la presencia del Albur mexicano en toda su extensión.

Nicolas Rangel

Awesome Author!

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